El descubrimiento de un nuevo ámbito delictivo: la Cibercriminalidad - Edefense
Los cambios que ha provocado la digitalización, han traído consigo un fenómeno novedoso para los agentes implicados en su prevención: la delincuencia cibernética.
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El descubrimiento de un nuevo ámbito delictivo: la Cibercriminalidad

El descubrimiento de un nuevo ámbito delictivo: la Cibercriminalidad

A día de hoy, 15 de marzo del año 2017, puede decirse que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han colmado el mundo, transformando irreversiblemente todo lo que ha encontrado a su paso. Las relaciones sociales, la comunicación interpersonal, los hábitos de vida o las estrategias económicas, son algunos de los múltiples ejemplos que pueden darse acerca de cómo las nuevas tecnologías han modificado la vida cotidiana de la gente.

Estos cambios, que en la mayoría de los casos han de ser tomados como signos positivos de progreso, han traído consigo un fenómeno que, a pesar de no ser especialmente novedoso, sí que está empezando a descubrirse por parte de los principales agentes implicados en su prevención. Me estoy refiriendo a la delincuencia cibernética, que, a pesar de englobar un fenómeno y una realidad específica, ha sido denominada de múltiples formas distintas. Ciberdelincuencia, ciberdelitos, delincuencia informática, cybercrime, virtual-crime o digital-crime son algunos de los múltiples ejemplos que pueden ponerse. Tanto personalmente como siguiendo a la doctrina mayoritaria, será el término cibercriminalidad el que se utilice tanto en el resto de este post como en los sucesivos relacionados con el tema.

Pero, ¿qué es la cibercriminalidad? Por cibercriminalidad entendemos todos aquellos delitos que se cometen en el ciberespacio, es decir, aquellas conductas delictivas que se generan con el uso de las nuevas tecnologías. Con la aparición de nuevas formas, métodos e instrumentos de tratamiento, almacenamiento e intercambio de información, la delincuencia (y el estudio y análisis de ésta) ha sufrido una completa transformación. Dos son los principales cambios que ha generado la cibercriminalidad en relación a la delincuencia tradicional:

  1. Aparición de nuevos tipos y fenómenos delictivos: el avance tecnológico, mayoritariamente representado por internet, ha dado lugar al nacimiento de tipologías delictivas impracticables hasta el momento. En esta categoría, se incluyen todos aquellos delitos que no son factibles en el mundo “real”, es decir, que únicamente pueden ser llevados a cabo en el ciberespacio. Delitos como el hacking (acceso a un dispositivo o sistema informático sin la autorización del titular del mismo), el DoS (solicitudes masivas a un mismo servidor que provoca su suspensión por saturación) o la infección de malware (softwares diseñados para realizar múltiples tipos de sabotaje).
  2. Reconceptualización de delitos tradicionales: en este segundo gran cambio provocado por el auge de las nuevas formas de comunicación, delitos tradicionales como la estafa, el acoso o el robo de identidad, que siempre han sido parte indispensable de las leyes penales de todo el mundo, aparecen con un nuevo “modus operandi”, ya que se han empezado a cometer a través de los sistemas informáticos. Es decir, mientras que la naturaleza, composición y estructura legal del delito es la misma, los medios a través de los que se comete han cambiado radicalmente. Así, los delitos antes enumerados tienen la especificidad de que pueden ser cometidos bien a través de medios tradicionales (en el mundo real), o bien a través de medios tecnológicos y virtuales. Para poder diferenciar las formas de comisión, a los cibercrímenes se les suele añadir el prefijo ciber-, como por ejemplo ciberfraude, ciberacoso o cibersuplantación de identidad.

Como se hace referencia en el título del artículo, estamos hablando de un fenómeno que se ha empezado a descubrir en los últimos años. A pesar de que muchos de los conceptos que hoy se utilizan fueron desarrollados inicialmente hace más de dos décadas, la innovación a marchas forzadas de los medios tecnológicos ha hecho que sea ahora cuando los delitos cometidos en, y a través de, estos instrumentos sean tomados en la consideración que merecen. Para una representación mucho más explícita, veamos algunos datos del Informe sobre Cibercriminalidad en España del año 2015 elaborado por el Ministerio del Interior, que reflejan acertadamente el peso que hoy día tienen las nuevas tecnologías y la cibercriminalidad:

  • Las viviendas con ordenador y acceso a internet suponen casi el 80% del total de viviendas en España. Si comparamos estos datos con los de hace 10 años, vemos que el incremento es exponencial: 38% de viviendas con acceso a internet en el 2006, y 78,7% en el 2015. Estos datos reflejan una tendencia claramente ascendente en materia de digitalización y modernización, ya que 4 de cada 5 familias cuentan hoy día con al menos un dispositivo conectado a la red.
  • El 93% de los menores de entre 10 y 15 años han utilizado internet en los últimos tres meses. No hay duda (incluso sin conocer este último dato), de que la digitalización del ser humano seguirá creciendo imparablemente en las próximas décadas, ya que los niños y adolescentes de hoy día son “nativos digitales”, es decir, están enfrascados en el mundo tecnológico desde que nacen.
  • Únicamente entre el periodo 2012-2015, los delitos informáticos se incrementaron en un 40,5%.
  • El 84,7% de todos los delitos informáticos conocidos eran relativos a ciberfraudes (67,9%) y coacciones y amenazas (16,8%).

Los datos anteriormente expuestos, no sólo reflejan un aumento considerable de las personas que utilizan medios digitales para su labor diaria, sino también el incremento de los delitos que se generan por este uso. Es obvio, que mientras mayor es el número de usuarios que interactúan en internet, mayor es el número potencial de delincuentes y víctimas. Por ello, es necesaria una cultura preventiva basada en la concienciación e información de los usuarios, ya que el principal potenciador de que determinados usuarios se conviertan en víctimas de este tipo de delitos no son las nuevas tecnologías en sí, sino el modo en que los usuarios interactúan y utilizan esas nuevas tecnologías.

A lo largo de las sucesivas publicaciones que se irán añadiendo a este blog, se darán una serie de pautas y técnicas que os ayudarán no sólo a comprender con mayor profundidad este fenómeno creciente, sino también a prevenir, y por tanto reducir, las posibilidades de convertirnos en víctimas de ciberdelitos.

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